Artes Narrativas y Literarias

«Adelaida Fernández Ochoa: la liturgia de la clave

Nov 19, 2020

Escrito por:

Editor Clickeart

Fuente: Canaltrece.com

Hablamos con la escritora caleña sobre ‘Toques de son colorá’, su nueva novela, un canto vibrante y percusivo que celebra —desde la mirada femenina y con la herencia afroantillana en el centro de la voz— a las bailadoras de la vieja guardia en la Cali de los años setenta.

Adelaida Fernandez Ochoa

Habla Changó: “Digamos que soy la rumba, el toque de campana y clave, inspiro el son, la bomba y el mambo, la pachanga. La salsa. Todos progenie del mismo batá. Kabie sile, me saludan”. Y luego: “Me corono con sangre y sed y espumarajos de sal. Recibo el ritmo del canto entrecortado y la percusión de puños y de talones mordidos, déjalo que ponga un pie”. Un diálogo poseso y desdoblado —cabalgata del orisha sobre el cuerpo y la voz del ekobio que escribe— sitúa el tono y el golpe de clave que introduce Toques de son colorá (Seix Barral, 2020), la más reciente novela de la escritora e investigadora caleña Adelaida Fernández Ochoa.

Con destreza rítmica, como un canto entrecortado que percute y encadena, Adelaida hurga en las calles menos transitadas de la mitología salsera para celebrar a los bailadores, que en la literatura sobre el género habían permanecido ensombrecidos por la luz cegadora de compositores, músicos y orquestas. Porque en ellos, como en los intérpretes, también vive Changó, “dios del fuego, la danza y la guerra”, que trocó con su hermano Orula las Tablas del Ifá, las que dejan conocer el futuro y el destino de los hombres, por el talento para el baile.

Activando un ensamble de voces que recuerda las andanzas de Rosa María Carabalí Mendoza, modista y deslumbrante bailadora, junto a su grupo de amigos en la Cali de los años setenta, Toques de son colorá entona una elegía rumbera: elegía escarchada por Rosa muerta. En la evocación de su vida, convalecencia y enfermedad, y bajo la sombra de un acto de violencia sexual, la novela se sumerge en las noches de la vieja guardia caleña —la de los vinilos de 33 reproducidos a 45 revoluciones por minuto, los aguaelulos con aguardiente y empanadas, la moda matancera y las amanecidas— para celebrar la amistad, la melomanía y la rumba desde un diverso crisol de oficios y deseos, y hacer una cartografía sonora del Valle del Cauca de la penetración de la fiebre salsera.

La escritura percutiva de Adelaida va encendiendo, línea a línea, un encandelado bembé —por momentos romántico bolero, frenética pachanga o doloroso lumbalú— por el que transitan personajes como Nelson González o Piper Pimienta. En los bordes de las voces de sus narradoras, la novela enhebra pregones de la amplísima discografía que reventaba en los bailaderos de la época: lo mejor de la Fania, los Hermanos Lebrón, Ismael Rivera y Ray Barretto. Y detrás, una estela palpitante de violencia y despojo, pero también de gozo: “Treinta años de lora gozona en el barrio, variopinta, bullosa belleza, embrollos, burundanga del bembé, bemba, bomba y batuke, belemba, baile. Rumba”.

Hacerles justicia narrativa a las mujeres (y, particularmente, a las mujeres negras): esa ha sido una de sus obsesiones investigativas desde Presencia de la mujer negra en la novela colombiana, su tesis de la Maestría de Literatura Colombiana de la Universidad Tecnológica de Pereira, que fue laureada en 2011. En ese corpus, detectó, las mujeres negras nunca se narran: son narradas; y de ese déficit, siguiendo la sugerencia del asesor de su trabajo, el profesor Darío Henao Restrepo, decidió escribir una ficción emancipadora: La hoguera lame mi piel con cariño de perro, su segunda novela, ganadora del Premio Casa de las Américas en 2015 y publicada por Seix Barral bajo el título Afuera crece un mundo. 

En ella, desde la voz de Nay y Sundiata de Gambia —Feliciana y Juan Ángel, madre e hijo, cuerpos esclavizados en la hacienda El Paraíso—, Adelaida propone una contraescritura negra, feminista y descolonizadora de María, la novela de Jorge Isaacs. Liberándolos de la ficción de armonía racial en que viven en la novela de Isaacs, como dice la investigadora Ángela Hurtado, el libro imagina su huida hacia África, desde donde «aporta una perspectiva de resistencia desde las comunidades afrocolombianas a la reconstrucción del relato de nación”.

Desde su casa en Circasia, hablamos con Adelaida sobre esto y otras cosas: sobre la urgencia por subrayar la herencia afrodiaspórica de la salsa y el baile, la importancia de saldar la deuda con los bailadores que hicieron grande el género y, también, sobre ser mujer y escribir en un mundo en el que no cesan las violencias patriarcales.»

Texto completo: https://canaltrece.com.co/noticias/adelaida-fernandez-ochoa-la-liturgia-de-la-clave/

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